Liz Medrano y el diseño de producción: el trabajo de materializar mundos

Por Fabiola Santiago

¿Pueden las casas hablar de sus habitantes? ¿Qué nos dice un departamento deteriorado de un personaje que invade hogares ajenos? ¿O una habitación impoluta y lujosa de una mujer que anhela compañía?  

En el cine estos espacios no son producto de un proceso gradual de acomodos, desacomodos y acumulación. Las divisiones entre “categorías creativas” y “categorías técnicas” son obsoletas al hablar del diseño de producción. En esta área del cine entra en juego una conjunción de investigación e imaginación que desemboca en la construcción de mundos tangibles que, sin embargo, tienen detrás una fuerte labor creativa. 

“El reto de todo diseñador de producción o director de arte es que tu set hable incluso cuando el cuadro está vacío de personaje”, considera Liz Medrano, cuya trayectoria incluye créditos en el departamento de arte de Km 31 (Rigoberto Castañeda, 2006) y Elysium (Neill Blomkamp, 2013); así como dirección de arte y diseño de producción en Te prometo anarquía (Julio Hernández Cordón, 2015), Pacífico Norte (Valentina Sachetti, 2018) y Noches de Julio (Axel Muñoz, 2019). 

La licenciada en Arte por la Universidad de Monterrey conoce bien ese camino de la idea a la ejecución y, en entrevista, nos cuenta sobre su trabajo. 

Lumínicas (L): ¿En qué consiste el diseño de producción y en qué se distingue de la dirección de arte? ¿Y por qué son importantes en una película?

Liz Medrano (LM): El diseño de producción es todo el control de estética visual y el trabajo que haces junto con dirección y foto para mantener una estética pareja, también junto con vestuario y maquillaje. Puedes hasta marcar la pauta estilísticamente. En México a veces se logra y a veces no, depende de cómo lo trabajas y depende del proyecto. Las comedias románticas, supongo, no tienen tanto de esto, como las películas consideradas de autor. Por ejemplo, en Noches de Julio tuve un control magistral del diseño de producción, de hablarlo con el fotógrafo muchísimo tiempo antes, marcar atmósferas, puntos de luz y todo eso. 

Dirección de arte es un poco lo mismo, es el término empleado en toda Latinoamérica para quien lleva las riendas del departamento de arte. Hay proyectos que emplean los dos, sobre todo series, pero en películas uno acaba haciendo los dos. Creo que la diferencia es la ejecución del diseño. 

Cortesía Liz Medrano

L: Pensando en que trabajas materializando mundos y viendo los espacios de Sofía (Johanna Murillo), Julio (Hoze Meléndez) y Mara (Florencia Ríos) en Noches de Julio, ¿nos dicen algo las casas de los personajes?

LM: Absolutamente. Ya entrando al mundo de espacio íntimo el reto es que cada lugar hable de cada persona que lo habita. Creo que todos los seres humanos tenemos obsesiones, colecciones; desde el color, cómo ordenas la ropa o cómo la dejas tirada, todo habla de ti. Por ejemplo, Sofía tiene un espacio aséptico, todo es limpio e impecable, y esto nos habla de esta mujer y su frialdad. Muchas veces esto sí te lo dice el guion, pero otras no, y tú lo desarrollas y terminas inventando profesiones, porque no vienen marcadas en la historia. 

Por lo que yo he visto, las mujeres somos mucho más clavadas y cuando hay una diseñadora de producción mujer, somos más clavadas en lo que dicen los espacios. Y sobre todo yo en mis proyectos, porque yo decoro, ya que primero fui decoradora y es algo que se me facilita. 

Cortesía Liz Medrano

L: ¿Qué aspectos del guion te van dando pistas sobre los espacios de estos personajes?

LM: Empezando porque sí hablas con el director de los personajes, pues la misma historia y la interacción con sus espacios te dan esas pistas. No te sé contestar en qué, es algo más impulsivo o que lo traes, al menos en mi caso. También depende de lo que pida el director y de los demás departamentos. ¿En qué me fijo? En los sentimientos de los personajes, por ejemplo… Eres muy creativo y muy analítico a la vez, entonces así mismo analizas a los personajes y los diseccionas para crearle su personalidad al hogar. 

Liz recuerda las diferentes reacciones recibidas ante el departamento del personaje principal de Noches en Julio. La cinta, estrenada internacionalmente en el Festival Internacional de Cine de Tallin (Estonia), despertó comentarios de extrañeza ante el espacio reducido, sucio y deteriorado del protagonista; mientras que en nuestro país muchos espectadores mencionaban que era el sueño de todo hombre. “Sobre todo en esa película, en la que los espacios interiores eran muy importantes, para mí era fundamental marcar la diferencia según la personalidad de cada personaje”, recuerda la diseñadora. 

L: Hay otras películas en las que los espacios íntimos de los personajes están afuera; en Te prometo anarquía son las calles, o en Pacífico Norte, que es sobre un road trip, es el auto o las mismas protagonistas. ¿Cómo se refleja en el diseño de producción una intimidad que no está en las casas?

LM: Un espacio íntimo, que no es personal, que hice, fue en Marioneta, la bodega de los vagoneros; conforme va desarrollándose la historia, va cambiando y cuando llega este señor y empieza a dar clases, lo empieza a volver una especie de teatro, pero antes de eso era un espacio al que llegaban a checar tarjeta. 

Te prometo anarquía tiene una anécdota muy padre, que es donde está la pipa en la que vive Johnny. En realidad no iba a ser una pipa, sino un puesto de tortas. Y llegando a locaciones vimos esa pipa y le dije Julio (Hernández Cordón): “Yo te construyo la pipa y ahí vive Johnny, es muchísimo más bonito y más creíble que viva ahí dentro a que viva y se queme en un puesto de tortas, en donde ni siquiera vas a tener tiro ni te va a caber nada”. Le encantó la idea y ya la construcción interior la hicimos en un foro. Y así es como empiezas a construir, a veces desde la calle. 

Me gustan muchísimo las atmósferas enrarecidas. Todas mis películas tienen alguna peculiaridad; a veces te la da la calle y a veces tú directo lo propones. 

L: ¿Hay objetos que llamen tu atención en particular en una película? ¿Qué sueles llevarte?

LM: ¡Textiles! Me clavo muchísimo. Dicen que tengo una manía, que cuando siento el textil froto los dedos. Y sí me pasa, es como un sentimiento de “¡este es!”. Pero me pasa con todo, hasta con la puerta. Buscas y buscas hasta encontrar. 

LM: ¿Recuerdas algunos momentos en los que te hayas sentido así?

LM: Cuando encontré la casa de Mara me emocioné muchísimo. ¿Con qué me quedé de ahí? Con la colcha. La tengo en mi bodega y nunca la voy a volver a usar, pero le tengo cariño del trabajo que me costó encontrarla. También me quedé con su llavero, que ni se nota, pero era un prisma y lo tengo aquí colgadito… Sobre todo, conservo utilería, relojes y cosas así, y son las cosas que tengo guardaditas. 

Pero una se acostumbra también a no guardarles cariño, porque tu vida se trata de montar y desmontar. Obviamente la primera vez que montas una creación tuya, el quitarlo es un shock. Pero después ya no volteas atrás. Ya me acostumbré a desapegarme de los mundos que hago y los guardo conmigo. 

Cortesía Liz Medrano

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Fabiola Santiago Padilla. Reportera y crítica de cine. Hago preguntas y escribo historias reales y fantásticas. Investigo sobre entretenimiento, cultura, y las representaciones de las mujeres y de las diversidades en la pantalla.  Veo películas y las comento. 

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