Cosas que no hacemos, sueños que sí realizamos

Por Láurel Miranda

La primera vez que salí del clóset, mi madre estaba limpiando frijoles o lentejas, me miró descolocada, asustada, sin saber muy bien qué decir. Pero al final lo dijo: no tengas miedo, te quiero y te voy a apoyar. 

Al ver el documental Cosas que no hacemos, en el que un adolescente le pide permiso a sus padres para vestirse como una mujer, no pude evitar recordar los momentos en los que hablé con mi madre de mi orientación sexual e identidad de género. Primero, hace más de 15 años, cuando por entonces me identificaba como un hombre gay, y después hace cerca de un año, cuando le dije que deseaba comenzar mi transición de género como mujer trans. 

Mucho ha pasado en su vida y en la mía desde mi adolescencia, por eso no me sorprendió que el año pasado al revelarle mi identidad de género, mientras tomábamos un café luego de un paseo cerca de casa, se mostrara mucho más cálida: “es tu vida, es tu cuerpo, tienes derecho a hacer lo que tú decidas”, me dijo, para luego rematar con un: “qué valiente eres”. 

Es la misma frase con que animan a le protagonista de Cosas que no hacemos apenas unos momentos después de haber salido del clóset con sus padres. Y sí, he de decir que cuando se trata de poner en juego la normatividad del género, se requiere de mucho coraje; aunque suene irónico, ser unx mismx y vivir la vida como unx la quiere, requiere valentía. Y eso que hablo desde una experiencia situada en la Ciudad de México. No puedo siquiera imaginar el coraje y temor que podría experimentar una persona en cualquier otra región de un país transfeminicida… así como Dayanara, en El Roblito, en la frontera entre Nayarit y Sinaloa, donde se desarrolla el documental de Bruno Santamaría Razo. 

Cosas que no hacemos, de Bruno Santamaría.
Productora: Ojo de vaca.

Ahí, como en muchos otros puntos del país, la violencia provocada por el crimen, el machismo y el abandono del Estado golpean la vida de las personas, gente que sin embargo intenta abrirse camino con la mayor naturalidad posible. Incluso en medio de situaciones extremas, las preocupaciones, los anhelos individuales no logran apartarse, menos aún si se trata de tu propia identidad, de tu forma de vivirte y de ser ante el mundo. Una balacera no detiene a Dayanara; un confinamiento y una pandemia no me han detenido a mí. Antes bien, parecen ser un llamado de atención: hazlo ahora, porque la vida da vuelcos y no sabes si podrás vivirla mañana. 

Y es ahí cuando el “qué valiente eres” te reconforta a la vez que te causa gracia, porque sí, sabes que a partir de ahora habrás de enfrentarte a nuevas dificultades, no sólo a críticas y señalamientos, sino al propio peligro de poner en riesgo tu vida. Pero una vez asumida y dicha la forma en que quieres vivirte, la valentía requerida parece poco frente al encierro, desesperación y frustración que pueden experimentarse cuando tienes que habitar tu cuerpo de un modo en el que no lo deseas.

“Si es tu sueño, realízalo”. ¿Qué padre no le diría eso a sus hijas o hijos?, ¿qué padre no les animaría a conseguir aquello que desean para sus vidas, a perseguir lo que les dará felicidad y satisfacción, a ser quienes ellos son? Pero qué difícil se vuelve y cuánto valor y cuánto amor son necesarios para pronunciar esas palabras si un hijx se planta frente a sus padres para decirles que quiere vivir su vida bajo el género opuesto al que hasta entonces ha sido leídx. 

Todo, sin embargo, vale la pena. Todo con tal de prolongar esos momentos en que unx está a solas y puede vivir su cuerpo y su identidad como unx lo quiere, de alargar ese instante, en el que como Dayanara, a solas y frente al lago, te puedes reconocer y gustar al mirarte al espejo. Todo vale con tal de extender esos instantes hasta que dejen de serlo para convertirse en la vida misma. 

Sigue leyendo: Mi geografía en el cine.

Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Se desempeña como SEO manager en Grupo Milenio y como profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Ama a su madre, sus gatos y el chocolate caliente.

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