Crítica de ‘Fragmentos de una mujer’: Un soplo de vida

Por Fabiola Santiago

Un puente se parte en dos a media hora de iniciada la película. El momento que detona ese quiebre, el más determinante de esta historia, es un acontecimiento que no vemos. Hay un vaivén constante entre lo que se muestra y lo que se oculta, ante la cámara y entre los personajes. En Fragmentos de una mujer (Pieces of a Woman, 2020) hay una presencia real y dolorosa para una madre que enfrenta la muerte de una hija.

El parto de Martha (Vanessa Kirby) llega de manera abrupta y vertiginosa. Sin ginecóloga disponible, entra a escena una matrona amable para atender en casa la llegada de la bebé. Dolor en aumento. Sudor. Náuseas. Aun así, la cámara se abstiene del lugar común de los movimientos temblorosos y en cambio parece flotar por toda la escena, que sí, es tensa y brutal. En medio del torbellino, Martha y su esposo Sean (Shia LaBeouf) encuentran un momento de suavidad para mirarse a los ojos con ternura. Todo estará bien, parecen decir.

Luego de Hagen y yo (Fehér isten, 2014), los cineastas húngaros Kata Wéber y Kornél Mundruczó vuelven a colaborar, ahora en su primera película en habla inglesa. Además de ser equipo como guionista y director, son pareja en la vida real. Este dato no es banal en esta historia. La cinta tiene sus orígenes en una experiencia personal de pérdida y quizá sea esto lo que ayude a separar la representación de la muerte y del duelo de otras cintas. La escritora se percató de lo poco que se comparte de la pérdida de los hijos en esas circunstancias y quiso trabajar desde la atención hacia las mujeres que lo han experimentado y aproximarse a una cara muy específica de la maternidad.



Después de mí y antes de mi hermano, mi madre perdió un par de embarazos. No recuerdo muy bien las palabras, pero sí el calor en el corazón cuando pensaba en un hermanito. También el silencio cuando ya no llegaban. Como si solo hubieran sido un sueño.

PIECES OF A WOMAN
Fragmentos de una mujer. Netflix.

A simple vista, Martha parece no querer abandonar su dolor. Se enoja, se frustra, explota. Su madre busca ganar un juicio contra quien considera responsable, y su esposo desea la vida de antes. Bajo la mirada de los otros, Martha parece estancada ante la ausencia. A ella, la leche que brota y los pañales posparto le dicen otra cosa.

Ya la decisión de reservar fuera de cámara el momento de la muerte distancia a esta cinta de otras al estilo de Roma (Alfonso Cuarón, 2018), que prefieren invadir y al mismo tiempo tomar distancia de sus personajes. Pero el acercamiento del duelo en Fragmentos de una mujer confirma la decisión de acompañar el dolor, de observar sin explotar, sin emitir juicios sobre la madre. Sin usar su pérdida como vehículo para otros delirios, como en Anticristo (Antichrist, Lars von Trier, 2009).

Frente a las múltiples capas con las que se viste al personaje de Martha y el enorme trabajo de Vanessa Kirby, Sean resulta una figura menos delineada, más cercana a los clichés de hombres toscos, violentos y lejanos (o Shia LaBeouf interpretando en su rango usual). Si de algo sirve lo insulso del personaje es para preguntarse si el derrumbe vino a causa de la tragedia, o si fue por un resonar de fallas que no vieron antes de la detonación del conflicto.

La cinta consigue esquivar el sentimentalismo en varias ocasiones, salvo en un epílogo que parece estar ahí para cuadrar con las convenciones de finales esperanzadores. No hacía falta, el cierre del personaje protagónico está en otro momento. La resolución de la lucha interna de Martha puede ser poco climática al llegar al juicio, pero resulta mucho más congruente y compasiva con ella misma. Ahí es donde la película sí elude las fórmulas usuales, que en este caso exigirían alguna especie de justicia o venganza, y vuelve a poner la escucha en su personaje principal.

En una pérdida caben muchas emociones. Existen muchas formas de atravesar un duelo. Esto lo entienden Kata Wéber y Kornél Mundruczó. Construyen para Martha un universo brutal y doloroso, física y emocionalmente, desde el momento de dar vida y más aún cuando esa vida se apaga. Pero le conceden también un consuelo en una fotografía, un respiro en el olor de las manzanas, un soplo de vida en los detalles. Quizá algún encuentro en un sueño. “Vivir es una especie de locura que la muerte comete”, escribió Clarice Lispector, quien habitaba también la complejidad de las contradicciones. “Porque en ellos vivimos, vivan los muertos”.

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Fabiola Santiago Padilla. Reportera y crítica de cine. Hago preguntas y escribo historias reales y fantásticas. Investigo sobre entretenimiento, cultura, y las representaciones de las mujeres y de las diversidades en la pantalla.  Veo películas y las comento.

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