Sundance 2021: Crítica de ‘Ava from my Class’

Por Ana Laura Pérez

Nadie nos explica de dónde vienen las mariposas que un día, sin más, invaden nuestra pancita. Sólo llegan de repente, de la mano del aterrador descubrimiento de una vulnerabilidad brutal. Y temblamos, esquivamos las miradas, intentamos disimular: que nadie se entere, que nadie sospeche la existencia del torbellino que llevamos por dentro. Y a falta de algo más a lo cual asirnos, imitamos lo que hacen los grandes, ensayamos interacciones, conexiones, afectos. Aprender a querer parece ser un camino inevitablemente atropellado.

El cortometraje Ava from my Class (Youmin Kang, 2020) evoca estas primeras veces a través de un rato en la vida de Anna, una niña pequeña que observa con asombro disimulado cada movimiento de Ava, una de sus compañeritas de la clase de teatro. Este relato, en tan sólo once minutos, nos lleva a los rincones emocionales más íntimos de su protagonista mientras atesora aquellos guiños sutiles donde todo aquello que está sintiendo alcanza a asomarse tímidamente: una sonrisa apenas dibujada, un ligero temblor en la voz, ojos que se iluminan –que verdaderamente se iluminan para ser capturados por el lente.  

La puesta en escena es sencilla, casi todo sucede en el mismo espacio y el arco narrativo es más bien una anécdota –de esas que se logran colocar en los recovecos de la memoria y muy probablemente seguirán reapareciendo de vez en vez para provocar un dejo de vergüenza en el futuro–. La fuerza de este breve relato yace así en la sensibilidad con la cual el mundo interior de nuestra protagonista es transmitido y retratado en este pequeño universo controlado. El momento más álgido del cortometraje, cuando Anna comete una acción impulsiva, es completamente atribuible a todo lo que sabemos que sucede en su interior gracias a aquellos instantes meticulosamente retratados anteriormente.

Esas primeras veces, frecuentemente disminuidas en función de sucesos más importantes en la historia propia, dejan una huella imborrable en la memoria corporal. Aunque más tarde en la vida insistamos en codificar esas fascinaciones tempranas por alguien y hacerlas encajar en los cajoncitos que hemos asumido en nuestra adultez, aquellas primeras veces están empapadas de una inocencia, ingenuidad y emoción que van más allá de cualquier significado que queramos imponerles. Las vidas de los niños no son un ensayo para la vida adulta: los deseos, frustraciones y sentimientos son reales a cualquier edad. Los niños también se confunden, también se decepcionan, también se sienten traicionados. A los niños también se les rompe el corazón. Para los niños, como para nosotros, lo que les duele en este momento es lo más doloroso de todo el mundo.

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Ana Laura Pérez. Editora, traductora, ilustradora y diseñadora editorial. Ha colaborado con medios como Cine Premiere, La Tempestad, Canal 22, Butaca Ancha y Correspondencias. También ha colaborado con las publicaciones de festivales como FICUNAM, Ambulante, Festival Internacional de Cine de Los Cabos, DocsMX y Black Canvas. Ha sido acreedora por dos años consecutivos de la beca de prensa de Sundance. Actualmente también hace ilustraciones y diseño para Luchadoras.

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