La función de la conservadora arrepentida

Por Rebeca Jiménez Calero

Estos días de encierro me han permitido ver más series de lo normal; ponerme al tanto con algunas que no había visto y revisar las que van saliendo. En este proceso, llegué a Show Me a Hero (David Simon y William F. Zorzi, 2015), miniserie protagonizada por Oscar Isaac en el papel de quien fuera alcalde de la ciudad de Yonkers, Nueva York, a finales de la década de los 80 del siglo pasado. Este hombre luchó para poder llevar a cabo un plan que permitiera la construcción de viviendas para personas de la comunidad afroamericana en un barrio de gente blanca. Obviamente, estos últimos lo que menos querían era que aquellas personas “indeseables y peligrosas” llegaran a vivir a su vecindario. Aquí es donde entra el personaje de Mary Dorman, interpretado por Catherine Keener, una mujer blanca de clase media que decide participar activamente en las manifestaciones y grupos organizados que pretenden defender su vecindario de dicha “invasión”. 

Como la construcción de las viviendas tiene que realizarse forzosamente debido a una orden judicial, el gobierno local contrata a una empresa que se especializa en conciliar este tipo de asuntos. Su estrategia es encontrar a los opositores más recalcitrantes para que sean ellos quienes “evalúen” a los nuevos inquilinos. Desde luego, Mary es una de las candidatas que más se apegan al perfil. Así que ella y otras mujeres blancas van de departamento en departamento entrevistando a todas las familias que han solicitado una nueva vivienda. Gracias a esta estrategia, Mary va modificando poco a poco su punto de vista: los posibles nuevos residentes que ella calificaba como “peligrosos” son principalmente familias monoparentales compuestas por una madre y uno o dos hijos, que desean salir del barrio en donde viven actualmente, un entorno violento plagado de dealers y drogadictos. De este modo, Mary descubre que las personas afroamericanas que tanto rechazaba son mujeres trabajadoras que lo único que quieren es sacar adelante a sus hijos en un ambiente más seguro y tranquilo. Su miedo y prejuicios, que se debían a que en realidad no conocía a esas personas, desaparecen al grado que decide abogar por ellas.

Show Me a Hero
Catherine Keener interpretando a Mary Dorman en Show Me a Hero. Paul Schiraldi. Cortesía de HBO.

Mary Dorman –así como todos los personajes de Show Me a Hero– se basa en una persona real. Sin embargo, resulta interesante ver cómo Simon decide darle la misma importancia a ella que a los políticos que están tomando las decisiones cruciales para la historia. Mary funciona como un recurso narrativo para que nosotros como espectadores entendamos, desde el punto de vista de los ciudadanos de a pie, cuál era el conflicto real: un asunto de racismo y segregación. Al inicio, de este lado de la pantalla, es fácil detestar la intolerancia de Mary, pero mientras vemos su transformación y su paso al lado correcto, nuestra simpatía por ella crece. El trabajo narrativo logra identificarnos con ella y hacer ese viaje a su lado.

Detengámonos ahora en lo que sucede en Mrs. America (2020), miniserie creada por Dahvi Waller, en la que se relata la lucha de la conservadora Phyllis Schlafly contra el movimiento que buscaba aprobar la Enmienda por la Igualdad de Derechos en Estados Unidos en la década de los 70. Al igual que en Show Me a Hero, esta serie está basada en hechos y personajes reales, sin embargo, aquí se incorporaron también algunos personajes ficticios. Uno de ellos tiene exactamente la misma función que Mary Dorman en Show Me a Hero: la de la mujer activista blanca conservadora que cambia su punto de vista.

Alice Macray, interpretada por Sarah Paulson, es un ama de casa que vive en el mismo suburbio que Phyllis Schlafly, a quien idolatra gracias a su seguridad y convicción para defender sus puntos de vista. Es justamente Alice quien le hace ver a Schlafly que hay un grupo de feministas revoltosas que intentan que la Enmienda por la Igualdad de Derechos sea aprobada por el Congreso de Estados Unidos. Schlafly, quien desea con toda su alma tener alguna injerencia en el gobierno, decide luchar contra ello y volverse así una figura pública. En un inicio, Alice apoya firmemente los ideales de su lideresa, quien les ha dicho a todas sus seguidoras que dicha Enmienda propone que las mujeres sean reclutadas en el Ejército (lo cual era una mentira) y que, desde luego, atentaba contra la familia tradicional al permitir que las mujeres trabajaran. Asimismo, afirmaba que el movimiento feminista las atacaba a ellas por ser amas de casa, demeritando su labor.

Cate Blanchett como Phyllis Schlafly en Mrs. America. Cortesía de HBO. FX Productions.

Es por ello que Alice y muchas otras mujeres conservadoras vieron en ella a alguien que podría defender su derecho a ser esposas y madres, a no tener que trabajar y a que sus hijas no fueran enviadas a la guerra. Irónicamente la militancia que llevan a cabo es muy similar a la de cualquier grupo político: hacen llamadas, escriben discursos, reclutan gente, buscan alianzas. A final de cuentas, este grupo de mujeres conservadoras tuvo que dejar a sus familias, salir de sus casas y ponerse a trabajar.

Del otro lado de este activismo conservador estaban las mujeres afines al feminismo, que trabajaban desde varios frentes, no siempre comunes: Betty Friedan, Bella Abzug, Jill Ruckelshaus, Shirley Chisholm y Gloria Steinem. Todo el movimiento tiene su culminación en la Conferencia Nacional de Mujeres llevada a cabo en Houston en 1977, un evento al que asistieron partidarias de toda clase de inclinaciones políticas con el fin de externar sus ideas respecto a la Enmienda. Es durante este viaje que Alice Macray se da cuenta de varias cosas que hasta ese momento había pasado por alto. Su amiga y compañera de activismo, Pamela Whalen, sufre un violento control económico, emocional y psicológico por parte de su marido. Alice, quien afortunadamente ha tenido una vida familiar apacible, entiende así que no todas las mujeres tienen la misma fortuna que ella y que gran parte de su opresión viene de un sistema desigual en el que el bienestar de las mujeres tiene que estar siempre supeditado al de sus esposos: como sostenes de la casa, ellos son los que toman las decisiones, ellos son los que tienen que estar contentos. Ellas no importan.

En la Conferencia Nacional le ocurren a Alice varias cosas importantes. En un momento conoce en el bar del hotel a una señora mayor con la que entabla una conversación. Ambas platican sobre sus familias, sus hijos y otros temas en común. Hasta que la señora menciona que está ahí gracias a una amiga la invitó a uno de los movimientos feministas. Tras esta revelación, Alice se levanta indignada y sintiéndose engañada. Su enojo proviene del hecho de haberse identificado con esa mujer a partir de sus gustos y preocupaciones, hasta que descubre su su filiación. Este encuentro sin prejuicios iniciales es clave para el arco de su personaje. 

Más adelante, Alice comienza a percibir la diferencia entre una Gloria Steinem que pide la opinión de sus colaboradoras y una Phyllis Schlafly que impone la suya a quienes la rodean. La gota que derrama el vaso es cuando Alice es testigo de cómo a Pamela, imposibilitada para abandonar a su esposo maltratador y habiendo tenido otro hijo, le dan la espalda completamente sus compañeras de activismo.

Sarah Paulson como Alice Macray en Mrs. America. Cortesía de HBO. FX Productions,

Tanto Mary Dorman en Show Me a Hero, como Alice Macray en Mrs. America son elementos imprescindibles para que sus respectivas historias alcancen el punto al que quieren llegar. Sin ser las protagonistas propiamente, son los personajes con los que el espectador promedio podría identificarse mejor. Su intolerancia no proviene del odio, sino de la ignorancia y el miedo, y una vez que superan estos obstáculos, son capaces de cambiar sus posturas. Mientras veía ambos relatos pensaba en la importancia de este tipo de narrativas en las historias políticas. Lo maniqueas que pueden llegar a ser ciertas posturas impiden ver los grises que hay en medio. Más que hacer una defensa del tipo #NotAllWhiteLadies, mi punto es que estas mujeres son vehículos que pueden ayudarnos a transitar de un lado al otro de manera incluso didáctica.

Muchas de nosotras encontramos el feminismo hasta hace no muchos años. En mi caso, tuve que replantearme muchas de las nociones que había aprendido en mi casa, con mi familia, mis amigos y mi entorno en general. Admito que fue duro darme cuenta de que en una época de mi vida llegué a tener actitudes clasistas, racistas y misóginas. Y me entusiasma mucho ver que actualmente se esté reparando en todo esto, que haya productos audiovisuales que decidan tomar abiertamente una postura ante estos fenómenos y que su forma de hacerlo sea mostrando que la empatía es el único camino.

Sin asomo de momentos cargados de sentimentalismo –porque no hacen falta–, tanto David Simon como Dahvi Waller ofrecen una vía para quienes pudieran tener las mismas reservas que Mary o Alice: la mejor manera de acabar con la intolerancia es conocer al otro. Si este tipo de narrativas nos ponen a pensar aunque sea un poco acerca de nuestro racismo o misoginia internalizados, siempre las recibiré con gratitud.

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Rebeca Jiménez Calero. Estudió Ciencias de la Comunicación
en la UNAM, donde actualmente imparte clases
en el sistema abierto y a distancia. Desde hace
varios años se dedica al subtitulaje de películas para festivales.
Le interesa el cine de horror y la representación de las
mujeres en los medios audiovisuales. También
ama la fotografía, los viajes y el béisbol.

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