Una conversación sobre Mujer Maravilla

A propósito de los encuentros en torno a las narrativas de empoderamiento en esta segunda edición de Lumínicas, decidimos conversar sobre una de las mujeres más relevantes en el mundo de las superheroínas. Mujer Maravilla ha trascendido décadas como uno de los estandartes de fuerza y empoderamiento más accesibles en el mercado audiovisual, por eso Marcela Vargas, Fabiola Santiago y Sharely Cuellar desarrollaron algunas ideas al respecto.

Sharely Cuellar (SC): Antes que nada me gustaría reconocer la importancia de ver más mujeres en pantalla, más historias contadas por ellas mismas, desde sus propias miradas y complejizar sus experiencias, emociones y pensamientos. Nos ha sido difícil reconocernos e identificarnos con muchos personajes femeninos debido a lo alejadas que están de nuestra realidad o por sus construcciones unidimensionales; creadas para cumplir solo un objetivo y encajar en las funciones del rol o roles que se nos asignaron socialmente.

Por esto creo que nos debíamos un diálogo en torno al arquetipo de superheroína, la Mujer Maravilla y en sí mismo el concepto de “modelo a seguir” para las mujeres en el cine. En este ejercicio me gustaría que habláramos principalmente sobre la adaptación más reciente del personaje, interpretado por Gal Gadot, pero no es algún tipo de imposición sino una invitación a considerarla como punto de partida y nuestro hilo conductor.

Y bueno, en la reciente oleada del cine de superhéroes ya vemos una brecha entre la cantidad de héroes y heroínas que han tenido películas en solitario, pero también hay muchas otras diferencias dentro y fuera de la pantalla, en esto último me refiero a la exposición mediática de los personajes y los actores. Como espectadora, ahora me resulta muy complicado identificarme con esta princesa guerrera amazona, pero no voy a negar que la Mujer Maravilla sí fue un modelo a seguir en algún punto de mi infancia.

Fabiola Santiago (FS): Pienso que la sensación de que Mujer Maravilla 1984 (2020) es fallida se debe a que se queda a medio camino. Creo que intenta quedar bien con varios públicos y sus exigencias (no por empatía, sino por taquilla), y en ese camino resulta tibia para sus distintos espectadores. 

Gal Gadot en Mujer Maravilla 1984. Cortesía Warner Bros.


El cine hollywoodense en general surgió como aspiracional, por un lado, y satisfaciendo a la mirada masculina, por otro. En ese contexto, además de uno de crisis derivada de las guerras, las historias de superhéroes tenían cierta función esperanzadora o de escape que respondía a las necesidades de sus tiempos. No es que estemos en un gran momento para la humanidad, pero en cuanto al cine y como mujeres ya no queremos solo aspirar a algo, sino también sentirnos escuchadas, vistas, representadas. E incluso si buscara una figura a seguir, me queda claro que jamás me veré como Gal Gadot en corset (ni como ninguna de esas bellezas normativas, para pronto). ¿Solo las mujeres ultrahermosas, sin lentes, y con piernas larguísimas pueden ser extraordinarias? Ya no queremos aspirar a imposibles. 

Pero me queda claro también que, en caso de conflicto, me siento mucho más cercana a una Mujer Maravilla que busca resolver con el diálogo y no cortando cabezas, cambio que muchos señores reprochan porque la amazona no se ve lo suficientemente valiente (o sanguinaria). Será que por nuestra socialización no esperamos más violencia de la que ya recibimos, pero a esto me refiero con que aunque le entreguen a sus espectadores un personaje bastante sexualizado para su goce, estos la siguen minimizando por no encajar en sus ideales. ¿Para quién o a quién está dirigida esta película? ¿A alguien le dejó satisfechx? 

Marcela Vargas (MV): Coincido con Fabiola en que la película parece no elegir un camino: se queda entre dos carriles y no termina de encontrar a su audiencia. Uno de mis mayores conflictos con Mujer Maravilla 1984 es esta insistencia en que el mayor deseo de Diana sea recuperar a su novio… y que su penitencia sea cerrarse al amor. Por un lado nos muestra como ideal a esta mujer extraordinaria, brillante y perfecta, pero exhibe como castigos su vulnerabilidad y una soltería impuesta por su entorno. Una mujer debería poder ser ambas. Desde luego, no todas las mujeres en pantalla tendrían que representar al 100% de las espectadoras, pero cuando el duopolio de películas de superhéroes le ofrece a la audiencia tan pocas opciones, las existentes llevan una carga simbólica mayor. Al menos en la primera película de esta serie figuraba Etta Candy (una mujer «normal» y ordinaria) como compañera de la heroína. La única otra mujer de relevancia en esta cinta sufre del cliché de comedia romántica de los años noventa: eres fea e irrelevante hasta que te quitas las gafas y te vistes con ropa entallada. 

Para mí, las tramas más interesantes de MM84 fueron las de sus antagonistas, quienes además tienen las interpretaciones más magnéticas gracias a Kristen Wiig y Pedro Pascal. Bárbara Minerva (la referencia mitológica está metida con calzador) pudo tener un arco mejor construido en cuanto a su transformación de ratón de biblioteca inseguro a guerrera audaz, si no se le pintara como una mujer enloquecida por su empoderamiento. El contraste entre el trato de Diana al acosador (un solo golpe y una advertencia) y el trato de Bárbara al mismo agresor (una paliza brutal) resalta que Diana no disfruta lo violencia, pero la segunda también puede interpretarse como una fantasía de venganza contra el violentador: como espectadora no sabía si debía disfrutarla u horrorizarme.

Kristen Wiig como Bárbara Minerva en Mujer Maravilla 1984. Cortesía Warner Bros.

Por otro lado, Maxwell Lord (Mr. Lord, ¿en serio?) tiene quizá el arco más tridimensional. Su obsesión con el poder es producto de una infancia de carencias económicas y emocionales; Maxwell Lord es la encarnación de algunas masculinidades tóxicas de las que se redime con el poder del amor filial. En un brevísimo montaje conocemos más sobre sus motivaciones que sobre las de cualquier otro personaje. Incluso, pareciera que tuvo más influencia en su redención la voz de su hijo que la presencia de Diana. La Mujer Maravilla es el personaje menos interesante de su propia película.

SC: Ambas plantean puntos muy interesantes y válidos, qué gusto leerlas. Y es que sí, esa belleza hegemónica para las superheroínas, a las que además se le exige sensualidad y siempre estar dispuestas a tener un trato amable y conciliador, es una norma que resulta muy difícil romper porque también hablamos de la industria más influyente en la cultura popular por lo que sigue permeando a más generaciones que ven a Mujer Maravilla como su modelo a seguir. Con esto en mente, hay hasta cierta ironía en que Bárbara, quien usa lentes y por eso no es bonita (?), sea tan castigada por aspirar a ser simpática y hermosa como Diana. La principal motivación de ese personaje es que la noten, así que se apoya en la idea de que la única manera de «ganar» contra la mujer que fue su amiga es superándola como le sea posible, aún costándole su propia esencia.

Recuerdo que en la primera entrega de Mujer Maravilla (2017) vimos a una Diana torpe e ingenua que encontró en Steve alguna especie de guía en el mundo, y desde entonces fue por igual su fortaleza como su debilidad; en Mujer Maravilla 1984 él se convierte principalmente en un lastre, el mayor deseo de Diana es tenerlo de vuelta pero el resultado solo es una complicación. La decisión de rectificar y el crecimiento del personaje es descuidado, forzado y da la impresión de lo que comentas, Marce: solo podría existir un futuro con él a cierto costo o desistir en definitiva del amor. Nos perdemos de los matices.

Gal Gadot como Diana Prince en Mujer Maravilla 1984. Cortesía Warner Bros.

Creo que a mí me hizo sentir muy alejada la escena del discurso de Diana a Maxwell porque no existe un progreso real que le dé sentido a sus palabras. Me dio la impresión de que ese cierre fue muy apresurado y hablar no cuesta tanto como conseguir más días de grabación. Por otro lado, esa redención del personaje de Pedro Pascal que corre a los brazos de su hijo me pareció mucho más poderosa y emotiva, y tiene una carga más importante luego del montaje de ese flashback. Y por último, cuando Bárbara castiga al acosador creo que condensa las energías que muchas veces hemos contenido por nuestra propia seguridad cuando estamos expuestas a situaciones similares. Lamentablemente creo que como sucede cuando el personaje de Kristen Wiig está por convertirse en Cheetah es una respuesta más agresiva para dejar claro este lado «malo» en ella, que se convierte en villana. Sin embargo, siento que su reacción es muy natural. Sinceramente cuando la vi pensar entre darle una lección o no al acosador y regresar por él para enfrentarlo mi primera impresión fue de alivio, y después también sentí que era un exceso.

FS: Es curioso que las dos mencionan distintas impresiones acerca del contraste entre Diana y Bárbara frente al agresor. Coincido con que no sabía si disfrutar u horrorizarme, como también con que puede ser una reacción natural, al menos para una mujer común; que Diana se mesure con el uso de su fuerza la separa de otras mujeres, ¿no? La aleja de lo común, le da su estatus de extraordinaria… y sí, también fomenta la comparación entre dos figuras femeninas. Porque no, en el mundo de la inclusión mal asimilada, tiene que haber lugar para LA mujer, pero así, en singular. 

Creo que algo que me irritó de esta película y de muchas otras que navegan con la bandera del empoderamiento, es que digan apelar a nosotras como espectadoras, solo a través de cambios superficiales, sin tocar las estructuras narrativas de hace décadas. Qué giro tan interesante hubiera sido, por ejemplo, que Bárbara se sumara a Diana como aliada, o que sí, se moviera hacia lo oscuro, sin necesidad de quitarse las gafas para encontrar su fuerza y su sensualidad (???).

Kristen Wiig (izquierda) y Gal Gadot (derecha) como Bárbara Minerva y Diana Prince respectivamente en Mujer Maravilla 1984. Cortesía Warner Bros.

Y esto no lo digo para pedirle a una película que sea algo que no es, sino porque ante la insatisfacción que me queda con propuestas que se sienten vacías, siempre disfruto pensar en alternativas. ¿Cómo sería una heroína a la altura de nuestras miradas? ¿Qué queremos (y pedimos y exigimos) ver en la pantalla? 

MV: A pesar de que, efectivamente, las protagonistas y tramas «empoderadoras» y «feministas» de las películas de superhéroes están lejos de romper con tantos esquemas como quisiéramos, tampoco podemos negar que están jalando estos temas al mainstream de una manera que no habíamos presenciado. La maquinaria del cine industrial hollywoodense siempre ha sido un vehículo de propaganda y, ante las alternativas, prefiero que la maquinaria difunda que ser mujer es poderoso y que si alguien te acosa en donde sea tienes derecho a defenderte. ¿Es una visión conformista? Quizá, pero estoy pensando también en que es una forma de alcanzar a un público masivo: un anzuelo para quienes apenas se acercan al tema. 

Ojalá el aumento en la presencia de las mujeres tanto frente como detrás de cámaras (especialmente en puestos de toma de decisiones) fuera un proceso tan veloz como el desarrollo de nuevas tecnologías para efectos visuales. Sin embargo, hemos avanzado significativamente desde los años ochenta, cuando las heroínas icónicas se contaban con los dedos porque eran tan pocas (Leia, Ripley, Sarah Connor). Ya está normalizándose tener superheroínas y villanas, por muy unidimensionales que sean.

Esa revolución está sucediendo de manera más eficaz en la televisión, tanto en las series sobre superhéroes como en las comedias sobre «gente normal». Creo que no debería tomar demasiado tiempo para verla reflejada en el cine de blockbusters. Las preguntas que plantea Sharely se acercan al corazón del asunto y nos permiten imaginar a heroínas más complejas, más diversas, con matices, con un desarrollo más enriquecedor para la audiencia. Hasta entonces, seguiré abrazando la posibilidad de soñar en Themiscira.

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Sharely Cuellar (1994). Crítica de cine y periodista.
Entusiasta del aprendizaje y el reaprendizaje.
Vive en soliloquios e intercambios de ideas sobre cine,
feminismos, clases sociales y política.

Fabiola Santiago Padilla. Reportera y crítica de cine.
Hago preguntas y escribo historias reales y fantásticas.
Investigo sobre entretenimiento, cultura,
y las representaciones de las mujeres y
de las diversidades en la pantalla.  Veo películas y las comento.

Marcela Vargas. Reportera Crítica de cine y periodista cultural.
Geek y feminista. Egresada de la licenciatura de Periodismo y
Medios de Información del Tec de Monterrey CCM.
Ha pasado por medios como Gatopardo, Mexico.com,
Cine Premiere, Sector Cine y Charros vs. Gángsters en MVS Radio.
Actualmente cubre las fuentes de cultura y ciencia
para la Unidad de Investigaciones Periodísticas
de la UNAM y conduce los podcasts Cinema
Tempo Historia y Cinema Tempo Mexicano.

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