Paloma Petra: la descentralización como actriz y productora

Por Fabiola Santiago

“Viendo cine, sin entender qué estaba viendo, pero con la certeza de que me causaba algo fue como decidí que sí quería ser actriz. Y actriz de cine”. Para Paloma Petra, el deseo de dedicarse a la actuación estuvo ahí desde siempre, pero las películas vistas en compañía de su padre afinaron ese montón de posibilidades a una sola: lo que quería era actuar en cine.

Su camino en la industria es uno propio, trazado por ella misma como respuesta a esas puertas que no se quieren abrir cuando una no se ciñe a ciertos parámetros. Estudió un diplomado de dramaturgia en Monterrey, tomó cursos en Casazul y comenzó a combinar su talento histriónico con una gran habilidad para la producción.

En 2020 fue seleccionada en Berlinale Talents por su trabajo como actriz; recientemente participó en el festival de Sundance con el cortometraje El sueño más grande que recuerdo (Carlos Lenin), en el que actuó y produjo; y está por estrenar el reconocido largometraje La paloma y el lobo, que protagoniza junto con Armando Hernández y que también fue dirigida por el egresado de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) Carlos Lenin, con quien fundó la productora Huasteca Casa Cinematográfica.

En sus propias palabras, a partir de una entrevista con Lumínicas, así ha sido la trayectoria de Paloma Petra:

Lumínicas (L): Hablando de tu actuación en el cortometraje El sueño más largo que recuerdo, en el que interpretas a Tania, vemos aspectos en común con Paloma, de La paloma y el lobo, pues son mujeres atravesadas por un entorno y que tienen un pie a punto de partir. ¿Cómo te separaste de cada personaje y preparaste a Tania?

Paloma Petra (P): En realidad este corto vino antes, lo filmamos hace ya rato, en 2016 o 2017. Cuando estábamos en la postproducción se atravesó la filmación de La paloma y el lobo, nos ganamos un apoyo para ópera prima y dijimos “Ahorita es cuando se puede filmar y pues ni modo”, y dejamos el corto como en stand by. El personaje de Tania como que fue un calentamiento para llegar a Paloma. Con Tania, Lenin tenía entrevistas de una morra que se llama Tania, cuyo papá es Rafael Ramírez Duarte y está desaparecido desde los 70. Y justo ella le platicaba a Lenin del sueño más largo que ella recordaba, y yo me agarré de ahí para sentir la presencia de la ausencia. Creo que no fue tanto construir el personaje como tal, sino los sentimientos que la atravesaban.

Paloma Petra en El sueño más largo que recuerdo.
El sueño más largo que recuerdo. Cortesía Sundance Institute.

L: La cara más visible de tu trabajo es la actuación, pero también te veo muy movida como productora, impulsando el cine en Nuevo León y en general su descentralización. Desde tu experiencia, ¿qué crees que nos falta para llegar a un cine más descentralizado?

P: Yo creo que hace falta escuchar. Es evidente, el cine está centralizado, ¿no? Y la lucha por la descentralización es eso: una lucha. Por ejemplo, no le quiero echar al Imcine, pero por más que diga “sí, nuestra meta es la descentralización” sigue siendo una institución fundada en eso, ¿me explico? Entonces, por más que lo intente, no depende tal cual de ellos; siento que es una onda más de que los distintos estados tenemos que tomar los espacios o incluso inventarlos, y no esperar a que nos los den o a que nos den la oportunidad. Y eso tiene que ver con que la banda que sí goza de esos privilegios se detenga un momento a escuchar, en vez de imponer. Eso es lo que me preocupa, es como en el feminismo cuando los vatos empiezan a decir “El feminismo es bien importante y mujeres, ustedes tienen derechos”, y tú (piensas) “Wey, cállate”. Siento que es exactamente lo mismo, pero acá con la banda del D.F. Obviamente falta dinero y todo eso que siempre se le está recordando a la cultura, pero también creo que es algo político de parte nuestra, de comenzar a deconstruir nuestra mirada centralista y entender que también tenemos cosas que decir y que ni modo, la gente nos va a tener que ver. Los tenemos que obligar a que nos vean.

L: Ahora mencionabas el feminismo y veo que es otra de las cosas que te mueven, la producción y el trabajo con mujeres en el cine. ¿Cómo llegaste a esto? ¿Tu experiencia como actriz tuvo que ver en que te involucraras como productora?

P: Eh… sí. Es decir: yo empecé a producir porque no encontré oportunidades para actuar, sobre todo en Monterrey. ¿Qué te dicen cuando quieres ser actriz? “Ve a castings”. Pero, ¿a cuáles? Casi no había y luego a ver si querías hacer esa chamba. Porque esa es otra cosa, a mí me tomó muchos años darme cuenta de que no tenía que actuar en cualquier pendejada en la que pudiera tener la oportunidad, sino que también podía actuar en algo que me interesara. Y, ¿cómo puedo hacerlo? Pues tengo que producir, porque esos proyectos no están llegando. Incluso cuando me fui a vivir a la Ciudad de México, no había manera en la que yo pudiera acceder, hay como un filtro raro. Además, esto fue hace como 10 años, antes de que estuviera de moda las series del narco, entonces la revés, mi acento era un súper turn off y ahora al revés, todos los chilangos hacen un acento norteño horrible.

Y por eso tuve que producir. Y bueno, en ese entonces yo era delgada, pero para la figura delgada de los early 2000, yo era gorda. Pesaba 53 kilos, en vez de 45. Yo llegaba a castings en el D.F. y me decían “¿Por qué estás gorda?”. Y yo “Pues… no sé… Es parte de mi genética, supongo, y estoy en otra ciudad, comiendo por ansiedad. ¿Quieres que me ponga aquí a platicarte de mis desórdenes alimenticios o quieres hacerme un casting, o cuál es el pedo?”

L: Esa es otra que falta mucho, ¿no?: Diversificar no solo fuera del centro, sino también otros cuerpos y otras historias…

P: ¡Otros cuerpos! Y también por eso se me hace muy chingón que, por ejemplo, con La paloma y el lobo tengo varios desnudos y me da gusto poder gozar mi cuerpo tal cual es. De hecho, me pasa que me siento más cómoda siendo gorda en pantalla, que en la vida real. No tiene sentido, pero es algo muy raro, me gusta ver mi cuerpo gordo en pantalla y me costó un chingo llegar a eso, pero creo que también es bien importante. Y el feminismo vino obviamente por ser mujer y entender que había una violencia que estaba constantemente oprimiéndome de mil maneras. Terminé una relación muy violenta y fue cuando me llegó el feminismo, ya desde ahí intento meterlo siempre, a mis películas, a mi vida, a todo.

Paloma Petra en La paloma y el lobo
La paloma y el lobo. Cortesía PIANO.

Lumínicas: ¿Cuáles son tus planes con la casa productora Huasteca? Me llama la atención hacia dónde quieres impulsarla, que tiene otros proyectos de formación que no veo en otras productoras.

Paloma Petra: Yo no estudié cine y todo lo que he aprendido ha sido a golpes. Lo que agradecía un chingo de los festivales de cine era que aprendía muchísimo. Ahora con Sundance eso es lo que me frustra, sé que ahí pude haber aprendido un chingo. Pero bueno, ha sido así, empezamos con 24° 51′ Latitud Norte, que fue la tesis de Lenin del CUEC y le fue con madre y estuvo en un chingo de festivales a los que pudimos ir. En cada proyecto que hago se me abren panoramas nuevos sobre qué herramientas existen para hacer cine, que yo no conocía, pero a las que pude acceder porque entré al grupito de los que ya están seleccionados en tal festival. Se me hace muy mal pedo que se tenga que llegar ahí para saber qué esas cosas existen.

L: ¿Son como secretos de grupo?

P: Yo no sé si en las escuelas les enseñan eso, pero yo sí he tenido que entrar a esos grupitos con mi jale y ahí aprender. Lo que estamos tratando de hacer con Huasteca es que, esas cosas que no son de tan fácil acceso como deberían de ser, tratar de bajarlas para que la gente pueda filmar lo que se le hinche y mandarlo a donde quiera. Yo no sabía que existían plataformas como FilmFreeway, o que podías meter tu proyecto en desarrollo a una convocatoria. Entonces quisiera bajar eso para que la banda haga lo que quiera.

L: ¿Y cómo van con el proyecto de Dios y la cumbia del diablo?

P: Muy chido, estuvimos en el festival de Los Cabos y ganamos dos premios (dentro del Gabriel Figueroa Film Fund para proyectos en desarrollo). Lenin está escribiendo y está padre porque la pandemia nos ha ayudado a crear esos espacios para que los proyectos puedan desarrollarse. Terminamos El sueño más largo…, Lenin está escribiendo este guion, yo estoy escribiendo otro y tenemos un documental que queremos estrenar pronto. Lo que queremos hacer ahora, a ver qué tal nos sale, es no festivalear tanto e irnos directo a redes sociales. Latitud Norte la acabamos de subir a YouTube y tiene casi 70 mil vistas (al día de hoy tiene más de 200 mil), y al final para eso lo hicimos, para que se viera. Estamos tratando de repensar la vida de los cortos. Que ese cine que nosotros hacemos, que considero que no es cine comercial, también tenga espacios y también exista.


Paloma trabaja sin manager, y afirma que sigue sin entender cómo funciona el medio, pues para ella no se ha acabado de romper el techo de cristal que siente sobre ella.

Aun así, sus proyectos no paran y además del próximo estreno de La paloma y el lobo, se encuentra buscando financiamiento para su primer cortometraje y aguarda el rodaje de otra cinta.

“Ahorita tengo un proyecto con Alejandra Márquez y estoy bien emocionada, justo está bien verga porque me escribió el productor y me dijo ‘Oye, Ale te vio en La paloma y el lobo y quiere que seas este personaje’, y justo esa es la manera en la que me gustaría siempre trabajar. Pero yo sé que está cabrón”, compartió sobre su próxima participación en la película El norte sobre el vacío.

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Fabiola Santiago. Reportera y crítica de cine. Hago preguntas y escribo historias reales y fantásticas. Investigo sobre entretenimiento, cultura, y las representaciones de las mujeres y de las diversidades en la pantalla.  Veo películas y las comento.

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