‘Una educación parisina’: La posibilidad de crear

Por Brenda Jiménez

¿Hasta qué punto nos mimetizamos con alguien que admiramos? Quiero hablar de la influencia que tienen nuestros seres queridos, amigos, amigas y personas cercanas hacia nosotres a la hora de crear. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer cosas porque nos importa lo que puedan pensar? Si bien es todo un reto crear cuando ya todo está dicho y lo único que nos puede distinguir es cómo contamos lo que queremos decir, también es importante dejar de lado la «visión masculina» a la que estamos acostumbrades, romper paradigmas y estereotipos.

No creo que sea el caso de Una educación parisina (Francia, 2018), de Jean-Paul Civeyrac, pero sí considero que es un buen ejemplo en el que se plasman cosas que deberíamos replantearnos. Empezando por observar al «amor romántico» como la meta de cualquier mujer joven, en sus veintes. Aunado a esto, la lucha por alcanzar los sueños: Etienne (Andranic Manet) deja a su familia, su novia y su pueblo para irse a París, Francia, a estudiar cine. De pronto se encuentra con Mathias (Corentin Fila), el clásico personaje que vive aferrado al pasado, que piensa que nadie puede ser tan bueno como los cineastas de la nueva ola francesa, que todo le parece una basura, y es pesimista y grosero con el trabajo de los demás.

Una educación parisina. Cortesía Moby Dick Films.

Ser una persona muy intelectual —y con ello me refiero a alguien que ha tenido el privilegio de acceder a una educación universitaria y a una extensa cantidad de libros— no es justificación para ser un cretino con otras personas si no piensan lo mismo que tú o no te agrada lo que hacen. Sin embargo, Etienne desea compartir las mismas ideas, y se mimetiza tanto con Mathias que termina por odiar su propio trabajo, deja de lado su cortometraje y entra en conflicto hasta en sus relaciones personales y sentimentales.

El problema no es que compartan las mismas ideas, su amistad o el amor por el «cine clásico». El conflicto es su base ideológica en sí: Mathias cree que el mundo puede ser mejor a través del cine —y comparto su entusiasmo— pero nada parece ser tan bueno para él como las viejas teorías, como pasa con algunos profesores que no se actualizan ni ven más allá de los grandes intelectuales del siglo XIX y XX, en lo que respecta al cine.  Y es un problema porque la sociedad ha evolucionado y puede que sí, sean muy bellas las ideas de aquellos pensadores, pero ya no pertenecemos a ese mundo, empezando porque ahora no todo gira en torno al hombre cisgénero, blanco, heterosexual, entre muchas otras cosas.

Una educación parisina. Cortesía Moby Dick Films.

Y si algo hay que rescatar de este filme, es que Annabelle, una de las roomies de Etienne, intenta abrir la discusión sobre esto. No solo importa tener buenas ideas y ver todo desde la teoría, desde afuera, pues no somos seres aislados; la práctica es lo que nos salvará.

La educación parisina forma parte de la 69 Muestra Internacional de Cineteca Nacional y tiene exhibiciones presenciales en esta edición.

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Brenda Jiménez. Amante del cine y comunicóloga social. Me gusta escribir
con luz y con letras. Mi sueño es lograr resignificar
el papel de la mujer en el cine y la televisión
desde una perspectiva feminista.

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