Ángeles Cruz: Filmar la diversidad en sus propios términos

Por Fabiola Santiago

El cine de Ángeles Cruz está en los detalles: en el reloj estático de un pueblo, en dos manos entrelazadas escondidas por un rebozo, en la asamblea de una comunidad, en los rezos de un velorio o en las flores que se dejan correr por un río. El cine de Ángeles Cruz está en lo que nos cuenta desde el conocimiento profundo de lo que retrata, porque en sus películas las personas indígenas no son meros personajes salidos de la imaginación, sino que llevan las palabras y gestos de la gente de su entorno y de su vida.

Su recorrido histriónico lo comenzó en la década de 1990; veinte años después tomó la cámara y debutó como directora con el cortometraje La tiricia o de cómo curar la tristeza. Siguieron La carta (2016), en el que presenta un reencuentro amoroso entre dos mujeres de Tlaxiaco (Oaxaca); y Arcángel (2018), con el que volvió a obtener el Ariel después de ganarlo con su primera obra.  En Nudo Mixteco, próximo a estrenarse en México dentro del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), la cineasta entrega su primer largometraje y, a través de tres historias, reafirma su inquietud por hablar de lo que la rodea, aunque resulte doloroso: el miedo y rechazo a la homosexualidad, el machismo, la violencia sexual en entornos familiares.

La actriz, guionista y directora originaria de la Mixteca oaxaqueña cuenta en entrevista sobre su necesidad de crear historias que le resulten cercanas y cuestiona los estereotipos que predominan en la industria audiovisual del país.

Lumínicas (L): Para empezar a trazar tu recorrido por la industria quisiera comenzar preguntando: ¿cuáles fueron tus primeros acercamientos al cine?

Ángeles Cruz (AC): Mi acercamiento al cine comenzó cuando yo era una niña; no había luz en mi comunidad y la única película que yo veía era El joven Juárez (Emilio Gómez Muriel, 1954). Mi padre tenía un proyector de 16 mm y fue la única película que vi durante nueve años de infancia. La veía una y otra vez y para mí era mágico descubrir todas las funciones un nuevo detalle, un nuevo diálogo. Después, cuando salgo de mi comunidad y me voy a estudiar, la primera vez que vi una película en una pantalla de cine me emocionó muchísimo, me cambió algo por dentro que no supe bien hasta que elegí esta carrera.

Creo que para mí, al no tener televisión, el acercamiento al cine fue lo más novedoso que tuve en mi infancia.

L: Después de eso, ¿cómo decides involucrarte en el mundo del cine?

AC: Después de la preparatoria decido que lo más complicado para mí de las materias que cursaba era el teatro e hice el examen para la licenciatura. Poco a poco, me fui involucrando hasta llegar a la necesidad, porque los personajes que me ofrecían no me estaban llenando. No me sentía representada, me sentía utilizada; de mi imagen, de mi condición, de mi ser indígena y de mis características físicas. Sentía que estaba condenada a ciertos personajes por los estereotipos que se van perpetuando. Entonces decidí escribir mis propias historias y contarlas en los términos que yo consideraba adecuados para mí. Y entonces decido cambiar al otro lado de la cámara. En este momento de mi vida sigo combinando ambos oficios, tanto la escritura y dirección, como la actuación, tratando de escoger los personajes que se salen de este corset que nos ponen de acuerdo a la estandarización de personajes que nos colocan a la gente que venimos de las comunidades.

L: Para ti, ¿cómo se manifiesta el racismo en el cine y la tele? Puede ser el guion, las historias que se eligen, puede ser hasta los movimientos de cámara o decisiones de dirección, ¿en dónde lo encontramos?

AC: Bueno, yo creo que somos un país racista, clasista, homofóbico, misógino. Y quien no lo perciba, vive en otra realidad, porque las personas que vivimos en este país tendríamos que darnos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor. En la televisión, te invito a que veas cinco minutos y que me digas qué tipo de personajes hay, cómo están descritas las mujeres, su tipo físico, el vocabulario con el que hablan, cómo expresan sus sentimientos. Las mujeres están catalogadas como este ser débil, que necesita un hombre para estar a su lado, que llora todo el tiempo, que manipula. En primer lugar, ese retrato de las mujeres, olvídate de la mujer indígena, de la mujer con otra preferencia sexual. Es realmente lamentable lo que vemos en la pantalla de televisión, se ha quedado muy corta para hablar de diversidad. Nos debemos retratos más dignos, ¿no? De verdad muy pocas películas se salen de ese retrato burdo que se hace de las personas que venimos de las comunidades indígenas. O a lo mejor es mi suerte o mi capacidad histriónica, que no puedo dar más allá de una mujer que limpia casas, o que secuestre o que asalte, o que sea una víctima. Como actriz me encantaría tener una diversidad de personajes y no que todos se parecieran y que yo estuviera luchando por hacerlos distintos y poder sacar jugo de mi carrera. Pasa lo mismo como directora y guionista, tenemos que abrir todos los espacios y que en todos esté presente la diversidad que somos. Y no solo en este país, porque pareciera que todo está cortado con la misma tijera; Hollywood nos ha hecho mucho daño, sigue perpetuando todos estos estereotipos y todo lo que no es blanco es malo. Hay un largo camino por recorrer, pero creo que darse cuenta y hacer el trabajo en el poco espacio que se puede tener es parte de nuestra chamba.

L: Algo que he encontrado en tu cine es que has procurado representar desde el amor hasta el deseo en las mujeres indígenas y eso es algo que vemos muy poco.  ¿Cómo llegaste a esa decisión como directora?

AC: Yo me considero una persona más intuitiva. Estoy hablando de mi realidad como mujer indígena, como mujer que habita su comunidad, y de mis preguntas acerca de ello. Todavía no veo la problemática desde fuera, sino desde nuestra intimidad, y eso es lo que estoy investigando y tratando de preguntarme, las cosas que todavía son incómodas dentro de nuestras comunidades: el machismo que impera, las decisiones que tenemos que tomar las mujeres. Yo retrato mi realidad y mi comunidad, pero creo que deberíamos hacer un análisis de qué estamos retratando nosotros, si seguimos perpetuando esas cosas. No es un tema que yo diga, lo voy a hacer por esto, simplemente es una pregunta honesta que me hago respecto a de qué quiero hablar en mi cine. En este momento no me interesa hablar de narcotráfico, de violencia de la cual hablan en los grandes medios, todavía sigo dentro de la recámara y de la comunidad.

Nudo mixteco. Madrecine.

L: Nudo mixteco presenta tres historias que hablan de violencia, pero específicamente hacia las mujeres. Estas realidades las hemos visto en el cine, aunque en este caso es desde tu mirada. ¿Por qué decides de abordar estas historias en tu primer largometraje?

AC: Yo creo que no me impongo un tema o de qué quiero hablar, lo que te comentaba: soy más intuitiva que racional, eso va surgiendo. Una vez que lo tengo ya veo cómo aterrizarlo y llevarlo a cabo. Después haces el análisis, de hecho una vez filmadas veo qué es lo que tienes: que tiene ese pequeño espacio en el que las mujeres están decidiendo su destino.

L: Me gusta que hables de que eres muy intuitiva como directora, pues en tus películas noto algunos detalles, que quizá alguien que sea ajeno no va a filmar igual. Detalles como las asambleas, la fiesta, la música. ¿Cómo vas construyendo eso?

AC: A mí me gusta pensar que un guion es la semilla de lo que va a ser tu película. Desde la escritura está todo puesto, digamos. Yo siempre digo que no estoy inventando nada, simplemente estoy describiendo mi cotidianidad. Para mí es normal decir «la fiesta es esto y esto, y ahí se cruzan los personajes y se cruza el velorio». De ahí surgen imágenes muy claras. A veces voy a la plaza del pueblo y veo cómo es, estoy en las fiestas comunitarias, grabo un poco y voy describiendo esas mismas sensaciones que me pasan a mí, que percibo. Creo que también me sirve mucho mi experiencia como actriz para poder narrar desde ahí qué es lo que siente el personaje, qué es lo que está mirando, lo que le conmueve, lo que no ve o lo que sí ve. Y, bueno, es un proceso larguísimo que, aunque es intuitivo, también tiene mucho de pensamiento. Pienso que es eso, como una semilla que crece en tierra fértil a partir de que tiene referencias muy concretas.

L: Tú, que has estado en ambos lados de la cámara, ¿cómo sientes la diferencia entre una película contada por personas de la comunidad y una que está contada desde una mirada externa?

AC: Si yo voy a tu casa una semana y hago una película, esa va a ser mi mirada. Si tú la vas a hacer desde tu experiencia de todo el tiempo que has vivido ahí, lo inconfesable, lo que no se sabe, o qué tanto vas a profundizar, habrá cosas que solo tú vas a saber. Ese es el cambio de mirada. Por eso abogamos siempre a que los pueblos tengamos nuestra propia mirada. Creo que estamos un poco cansados del retrato que se ha hecho desde fuera, por muy bienintencionada que sea, y sí cambia la perspectiva. 

Te puede interesar: Una galería del anti placer.

Fabiola Santiago Padilla (1989). Reportera, crítica de cine y ensayista. Hago preguntas y escribo historias reales y fantásticas. Investigo sobre entretenimiento, cultura, y las representaciones de las mujeres y de las diversidades en la pantalla. Veo películas y las comento.

Deja un comentario